Volviendo un poco sobre Pablo Picasso es notable que tuvo diferencias artísticas con el estilo que su propio padre quiso imponerle. Esto nos sirve de metáfora para comprender, por lo menos, uno de los aspectos en el cambio paradigmático del arte desarrollado en el siglo XIX y el siglo XX. Al padre de Picasso lo podemos identificar con la mirada tradicionalista predominante desde el renacimiento, conservadora y burguesa donde el género o temática en un cuadro sí importan. Mientras tanto, el fenómeno artístico en Picasso es la ruptura con la tradición. El género y el tema pasa a un segundo lugar, haciendo predominar el interés en pos de querer resaltar la estructura, la forma y la expresión para intentar conseguir que el cuadro, dibujo o escultura sea un objeto en si mismo, alejándose de lo meramente representativo.
En este momento me viene a la cabeza el objeto surrealista como una idea más gráfica de lo que estamos queriendo explicar, donde la cosa deja de ser la cosa, privándose de la funcionalidad para la que fue destinada y se ensambla con otras formas que disparan directo al subconsciente. Este tipo de obras que hacen trastabillar la zona de confort burguesa nos interpelan y nos confunden a la vez. Valiéndose de texturas y formas que provocan generalmente una sensación de rechazo como el asco, pero al mismo tiempo puede manifestarse lo sensual y lo erótico, concluyendo en una sola cosa: un chiste paranoico.
Es que por aquel entonces que entran en juego las ideas de Freud y hace que nuestra mente se emancipe más allá de los límites preestablecidos. Los impresionistas pudieron prescindir de la forma realista naturalista por la creación de la fotografía como también se pudo prescindir de la norma y el espíritu burgués aristocrático que presumen equilibrio y buenos modales. Porque el mundo se cae a pedazos con la industrialización, repercutiendo en ciudades atestadas por falta de saneamiento, ratas y pestes. El proletariado y la alienación del trabajo. ¡Para colmo las guerras y la miseria!
El siglo XX es Crisis. Es el cambio permanente. Tanto en lo político como en lo social… la ciencia expande el conocimiento humano y la tecnología consiguió niveles de destrucción antes siquiera imaginados. El arte no sería la excepción y el germen se produce en Montmartre. Rara mezcla entre marginalidad y rebeldía burguesa. Luego este centro se correría hacia Montparnasse, otro barrio parisino en donde tendría lugar un grupo de artistas nacientes. Este momento coincide con Picasso ya consagrado en el cubismo, habiendo pintado “Las señoritas del Avignon”, uno de sus obras maestras comprendidas solo de forma tardía incluso dentro de su círculo de amigos. Es de alguna manera la consagración del arte moderno. Son la nuevas reglas del juego que se aprenden en los cafés y las academias de puertas abiertas para aquellos que fueron rechazados por las instituciones por un amplio espectro de razones.
CONCLUSIÓN
Lo marginal se manifiesta en el interés de los artistas. Otras validaciones estéticas son tenidas en cuenta desde el dibujo infantil dando lugar al arte Naif. También el arte producido por enfermos mentales les valió a los surrealista como una epifanía para desarrollar sus ideas.
Por otra parte, Gauguin murió en 1903 y era toda una leyenda por sus viajes a “tierras salvajes” y su personalidad excéntrica, fue tal vez, pionero en esta vuelta hacia lo primitivo. Sirvió de ejemplo para la bohemia de estos artistas generadores de una nueva escuela con individualidades que construirían su propio mito como son el caso de Modigliani y Brancusi. El primero judeo italiano, se hizo fama principalmente como maldito por sus excesos y enredos con mujeres hermosas. Vendió poca obra en vida y murió a los 37 años a causa de su frágil salud. El otro un campesino rumano que se vino a París a pie. Trabajó con el mismísimo Rodin, pero prefirió distanciarse para descubrir su propia esencia. Modigliani se acercó a Brancusi. Por un período de tiempo Modigliani quiso ser escultor, privándose de ello posteriormente por sus afecciones respiratorias que arrastraba desde la niñez. De todas formas, lo aprendido y desarrollado en este periodo con Brancusi le sirvieron para encontrarse en su estilo propio (porque siguió pintando) cuyo carácter no abandonaría la calma renacentista de su primera formación, pero con la geometría implícita mitad cezanniana de la escultura africana que circulaba en París producto del colonialismo Francés. Por otra parte Brancusi no sería Brancusi sin Rodin y sin la escultura con reminiscencias arcaicas de Andre Derain. La escuela de París es la usina de artistas en un tiempo y un lugar determinado. Vieron la oportunidad, se caía la estantería y patearon el tablero. 🔒
MANUEL GONZALEZ
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